
estamos ocupados haciendo otras cosas”
John Lennon
Viernes, 12 de enero de 2007, una fría mañana y hora punta en una estación de metro en Washington.
En este tiempo, sólo 7 personas se detuvieron y otras 20 dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos colectivos, ni reconocimientos.
El violinista desconocido y con poco éxito es este:

Esa mañana en Washington tocaba un Stradivarius del siglo XVIII valorado en 3,5 millones de dólares, y tres días antes había llenado el Boston Symphony Hall, a 100 euros la butaca.
No había caído en desgracia, sino que estaba protagonizando un experimento social promovido por el diario The Washington Post sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. Los objetivos eran descubrir lo siguiente: en un ambiente banal y a una hora inconveniente
- ¿Está la gente preparada para percibir la belleza?
- ¿Nos detenemos a apreciarla?
Los resultados finales fueron muy muy inferiores y lo curioso es que los individuos que más apreciaron el arte fueron
La persona que se paró más tiempo a escucharle, 7’, fue un treintañero funcionario del Departamento de Energía de EEUU que la única música clásica que conocía eran los “clásicos del rock”, pero que posteriormente declaró lo siguiente: “fuera lo que fuera lo que estaba tocando el virtuoso, me hacía sentir en paz“.
Y quienes más atención prestaron fueron NIÑOS PEQUEÑOS
1. ¿Qué aprendió el violinista? Humildad. Estas son sus palabras:
“Era una sensación extraña, la gente me estaba… ignorando. Habitualmente me molesta que la gente tosa en mis recitales, o que suene un teléfono móvil; sin embargo, en la estación de metro me sentía extrañamente agradecido cuando alguien me tiraba a la funda del violín unos centavos”.2. ¿Qué aprendieron los expertos?
Su generosa conclusión es: “que el contexto importa, y que una estación de metro en hora punta no permite que la gente aprecie la belleza”.
3. ¿Qué podemos aprender nosotros? Varias cosas.
Que los niños son nuestros mejores maestros como ya hemos indicado aquí en varias ocasiones y que deberíamos hacer más caso a su sabiduría y bondad innata porque están exentos de prejuicios. Ellos no veían a un músico callejero “pobre y fracasado” sino a un artista que regala felicidad y altas vibraciones, y no les importa el tiempo y los compromisos sino el aquí y ahora.
Y sobre todo, la gran lección es:
Si no tenemos un instante para
detenernos a escuchar
a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita,
¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?
a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita,
¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?
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