15 de mayo de 2012


La calidad en la Educación Social.


La Educación Social, trabaja intrínsecamente en la sociedad para promocionar la calidad de vida de las personas y mejorar el bienestar social de las mismas utilizando una serie de herramientas que nos permiten solventar una serie de problemas carenciales que nos encontramos en la población en general, pero especialmente en aquellos colectivos marginales a los que debemos asegurar una serie de derechos que optimizan la integración social trabajando incondicionalmente por la persona.
Para asegurar los resultados de nuestro trabajo, es necesario marcar una serie de métricas que nos sirvan como indicadores para mejorar nuestros proyectos educativos que nos impulsen un ciclo de mejora continua que nos permitan alcanzar los mejores resultados no sólo en el ámbito de la gestión del proyecto educativo, sino satisfaciendo las necesidades que nos plantea la sociedad asegurando el bienestar de todos y todas y es ahí donde debemos orientar nuestros esfuerzos para el aseguramiento de la calidad.
Para asegurar la calidad en nuestro trabajo, debemos centrarnos primeramente en el colectivo sobre el que estemos trabajando, siendo este el objetivo principal, de manera que encontremos la máxima satisfacción en cada uno de los individuos y después en el aseguramiento de los procedimientos y los procesos de evaluación para conseguirlo.  Esto exige que no sea un proceso de calidad individual, sino una política de calidad que afecte a toda la organización y que por lo tanto exige un compromiso total de todos, especialmente desde la dirección de los centros, que deberá ofrecer un apoyo sistemático en este aspecto, sobre todo incidiendo en formar y alentar al equipo de trabajo. Sólo de esta manera y midiendo los resultados mediante instrumentos objetivos de mejora de la calidad, podremos asegurar de manera continua la calidad en la mejora del Bienestar Social del entorno en el que trabajamos.
Para lograr los niveles de calidad que deseamos, es necesario desarrollar y documentar un Sistema de la Calidad  donde se establecerán los objetivos, líneas de actuación y los niveles organizativos de nuestra organización, así como los procesos y recursos necesarios para poder realizar la gestión de la calidad en función de los parámetros que hayamos definido. Para poder elaborar dicho plan, podemos basarnos en las normas UNE-EN-ISO 9000 que fijan modelos de implantación que facilitan la adecuación a las necesidades internas de gestión de la organización. Esta norma está especialmente extendida, ya que nos permite adaptarnos a la  Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia (Ley de Dependencia) introduciendo una serie de medidas dirigidas a garantizar la calidad en la prestación de los servicios, entre las que se incluye el citado modelo de gestión de la calidad.  Además de la normalización genérica para el aseguramiento de la calidad, en los centros en los que habitualmente se desenvuelve el educador social además es conveniente que estén regidos por la norma UNE 158000 de mejora de la calidad de vida para personas que se encuentren en cualquier situación de dependencia.
El desarrollo de estas normas, está especializado en diferentes focos que van desde los centros de acogida hasta la ayuda a domicilio, por lo que de manera específica nuestro equipo de trabajo deberá de establecer las directrices que mejor nos convengan para el mejor desarrollo de las políticas de calidad que queramos establecer. Estas normativas nos ayudarán no sólo al cumplimiento de la legislación vigente, sino que establecerá un marco común, sobre el cual utilizaremos además el mismo lenguaje que las Administraciones Públicas, lo que evidenciará un servicio de calidad común y estableciendo confianza en la sociedad, provocando además una gestión más eficiente segura y profesional gracias al apoyo de todas las partes implicadas, lo que mejorará el apoyo psicosocial, familiar, la convivencia y las relaciones con el entorno, que son los ejes principales para alcanzar la satisfacción de los usuarios.
De una manera práctica, la dirección del proyecto, debe ser la encargada de crear las directrices para el aseguramiento de la calidad, dotando además de la estructura, de una serie de recursos (humanos o materiales) suficientes para asegurar la comprensión y el desarrollo de todas aquellas personas que intervienen en nuestro proyecto educativo, marcando las responsabilidades y funciones de todos los implicados, estableciendo estos objetivos en toda la organización como una filosofía de trabajo de manera que se mantenga y mejore en el tiempo según las exigencias de la sociedad y evaluando los resultados que aseguren la calidad de vida y el bienestar social de aquellos que presentan más carencias.
Una vez establecidas las directrices de nuestro proyecto educativo en cuanto al aseguramiento de la calidad se refiere, estas condiciones de partida, deben estar presentes desde un primer momento estudiando aquellas herramientas de diagnóstico con las que trabajamos habitualmente de manera que vayamos documentando nuestro plan de calidad a través de nuestro manual de la calidad, de los procedimientos a seguir, de las instrucciones o documentaciones técnicas de las que se vaya a disponer y aquellos registros a seguir.
Todo esto hará que establezcamos una base de conocimiento, que mediante las mejoras propuestas nos sirvan para reforzar con acciones preventivas todas aquellas incidencias que encontramos frecuentemente evitando la aparición de problemas de manera que repercuta directamente sobre la calidad del servicio que prestamos como educadores respondiendo a aquellas expectativas que la sociedad tiene puestas sobre nosotras.
La gestión de la calidad, debe estar asegurada mediante métodos de evaluación ya sean mediante auditorías o evaluaciones (internas o externas) de los resultados del trabajo desarrollado, lo que nos proporcionará mediante el grado de cumplimiento, un ciclo de mejora continua, aplicando las medidas correctoras necesarias. Sobre este punto, tendremos que haber previsto las dificultades metodológicas que tiene un educador social respecto a la ausencia de instrumentos metodológicos y evitando en cualquier caso evaluar al educador como sujeto, de manera que nuestras evaluaciones sobre las tareas socioeducativas solamente serán válidas si el programa ha sido diseñado de manera coherente desde la planificación del mismo. En estas evaluaciones se debe tener en cuenta la viabilidad del proyecto valorando además todos aquellos recursos de los que se dispone para garantizar su cumplimiento.
Una vez definido el objeto de la evaluación en nuestro proyecto de educación social, delimitaremos los fines teóricos y prácticos de la evaluación prevista con respecto al proyecto y en relación al entorno social y político en el cual está enmarcado (el qué, el para qué y el cómo) que establecerá el punto de control para el ciclo de mejora y que nos servirá para la siguiente planificación. 
En este sentido, a diferencia de cualquier otro aspecto en el que intervenga la calidad (como podría ser un proceso industrializado), en la educación social se debe medir al individuo dentro del conjunto en el que está inmerso o al colectivo respecto al entorno social, ya que en la educación social, con frecuencia no es posible medir un resultado final objetivo, sino los avances en un tiempo determinado, si bien los resultados en la participación de un programa no son los resultados definitivos ya que los cambios sociales se evalúan en un tiempo indeterminado y es por ello que las evaluaciones deben ser permanentes y longitudinales, ya que los proyectos formativos de conducta y actitudes no siempre llevan una evolución lineal en un tiempo concreto.
No obstante, debemos establecer métricas para los diferentes plazos establecidos, que establezcan una metodología adecuada a raíz de un diagnóstico claro de la competencia social que se pretende conseguir dentro de un plan estratégico de futuro apostando por una planificación integral aplicable dentro del ámbito en el que se quiera desarrollar y no estableciendo modelos genéricos de evaluación, proponiendo una reflexión sobre los resultados en el que participen los sectores afectados para evitar la burocratización de las herramientas y apostando por la formación del propio educador, lo que servirá para obtener la excelencia del educador social tanto a nivel profesional como personal, que directamente se reflejará en una mayor eficacia de los recursos con los que se trabaja.
Desde la perspectiva del aseguramiento de la calidad de nuestros programas, es una demanda que nos están realizando desde todos los agentes sociales que nosotros debemos de desarrollar de manera específica en un programa individualizado y responsable que esté claramente enfocado al desarrollo del programa que estemos llevando a cabo y esto sólo lo conseguiremos si somos capaces de integrar la calidad que se nos demanda con la calidad programada en nuestro proyecto educativo en un marco de objetivos que podamos cumplir en su totalidad.



No hay comentarios:

Publicar un comentario